El día que me dispararon.

El día que me dispararon.

Vivimos en tiempos que nosotros volvimos peligrosos.

En un tiempo donde las posesiones materiales valen más que la vida humana para muchas personas. Hay miles de personas en México dispuestas a quitarte la vida por tu auto, tu celular o incluso mil pesos.

Somos más los que trabajamos duro para ganarnos lo poco o mucho que tenemos. Pero también son muchos los que prefieren irse por el otro lado y de una manera «fácil» quitarle las cosas a los demás. ¿Porqué? En pocas palabras todo se resume a esto: La falta de consecuencias.

En una sociedad de impunidad y corrupción, donde los grupos criminales están arreglados con la policía y el que no, simplemente paga para irse libre, el que sale perdiendo eres tú, el mexicano buena onda. El mexicano honesto que prefiere deberle la vida a los bancos y las tiendas departamentales por tener sus cositas antes de pensar en hacerle daño a alguien más. Ese mexicano es el que siempre sale perdiendo. Eso sí, ni se te ocurra pasarte un alto o circular con la verificación vencida, porque ahí sí, te van a agarrar rápido. Recuerda que la “suerte” y la impunidad es para los malos y peligrosos. No para la gente buena.

Reflexionando sobre este tema creo también que el capitalismo y el consumismo juegan un papel importante en esta ola de crimen que no deja de azotar a nuestro México. De mil maneras conscientes e inconscientes nos hacen aprender que valemos como persona el equivalente a las cosas padres que tenemos. El mejor carro, el mejor celular, la mejor ropa, etc. Pero es la misma sociedad la que no nos da las armas para que todos accedamos a ellas. Lo que nos hace desearlas más. Injusto, pero efectivo. Vivimos en una constante búsqueda de cosas materiales bonitas, caras, muchas veces no muy útiles y que, en la mayoría de los casos, no necesitamos. Estamos a dispuestos a pagar dos meses de sueldo (muchas veces a crédito) por un teléfono celular, solo porque es de la marca de la manzana y ahora trae un botón menos y un megapixel más. No tendremos donde dormir, pero «¡mira mi nuevo reloj inteligente!».

El delincuente también quiere cositas, también quiere ese carro que tú vas a pagar a 5 años, pero él no quiere esperar. Lo quiere ahora. Lo necesita. Aunque sea por los 5 mil pesos que le van a dar por él. Y lo peor es que una vez que tienen éxito y ven que nada les pasa, siguen y van por más y más. No tienen llenadera.

Hay algo sobre esta sociedad capitalista que enferma las mentes de las personas de un mal que no tiene cura. Como gobernadores que se roban más de 45 mil millones de pesos. Ni siquiera entiendo las magnitudes de esa cantidad. Se puede llegar a entender que estando en una posición de poder uno sea tentado por el mismo y diga «Bueno, si me chingo 10 millones de pesos puedo hacer que nadie se dé cuenta y vivo el resto de mi vida muy bien». Eso lo entiendo, está mal, pero se entiende que puede pasar. Pero ¿Que carajos haces con 45 mil millones de pesos? ¿No piensan que tal vez alguien vaya a notar esa pequeña fuga de dinero? ¿Neta necesitas tener 15 casas?

Ahora imagínate ese mismo sentimiento, pero con el mexicano pobre. Él no tiene los medios para «desaparecer» millones y guardárselos. Pero aun así quiere más. Y es cuando la cosa se pone violenta. Todo por culpa del capitalismo, el consumismo y la falta de consecuencias. Claro, junto con una serie de factores psicológicos, sociales y muchas veces incluso biológicos que varían enormemente de un individuo a otro.

Ahora sí, después de este preámbulo, les voy a contar la historia de cómo todo lo que acabas de leer, casi me mata.

 

5 segundos de acción.

Por razones de seguridad, algunos detalles específicos serán omitidos.

Cómo una forma de ingreso adicional metí mi auto a la plataforma de UBER donde un amigo lo manejaba los fines de semana. En algún punto decidí también manejarlo yo en mis ratos libres o en mis trayectos de regreso a casa.

Un domingo de enero 2017 en la noche, me disponía a volver a casa. Era temprano así que decidí buscar algunos viajes con rumbo a mi destino. Uno apareció desde la condesa hasta alguna parte de Naucalpan de Juárez que en el mapa se veía bastante cercana al periférico, así que efectivamente me quedaba de paso. Eran dos chavos y una chava que al parecer venían llegando de algún viaje por que había un autobús y mucha más gente donde los recogí. Durante el trayecto hubo plática normal entre ellos, futbol americano, que si no se quien le dijo no sé qué a otra persona, chismes etc.

Al llegar a Naucalpan salí del periférico hacia la avenida primero de mayo y después entré hacia la izquierda a lo que parece ser la colonia San Esteban. El rumbo se veía algo industrial, grandes naves si no mal recuerdo. El navegador me mandaba por una calle con unas torres eléctricas pero mis pasajeros me dijeron que por ahí no, que por que estaba muy feo lleno de baches y sin iluminar. Lo cual corroboré por mí mismo. Así que tomamos la siguiente calle que estaba en perfectas condiciones y bien iluminada, Después bajé hacia el río que está cerca y más adelante dejé a mis pasajeros.

Estaba a unos 5 minutos de periférico y la ruta del navegador me marcaba nuevamente la avenida horrible así que recordé cual era la alternativa y me fui por ahí. En el siguiente cruce había una camioneta gris tipo SUV me puse atrás de ella y después esta empezó a echarse en reversa lentamente. Pensé que tal vez había un perro o algo y estaba tratando de maniobrar. Le toqué el claxon cuando estuvo a punto de chocarme y se detuvo. Después un carro rojo deportivo que estaba frente a la camioneta y yo no había visto, se echó en reversa por el otro carril casi chocando con un taxi que nos estaba sacando la vuelta y poniéndose detrás de mí. El reversaso que echó el deportivo fue a toda velocidad y quemando llanta, muy al estilo de «Rápido y furioso». Esto me distrajo. Pensé «No mames este imbécil casi le pega al taxi. Cuando dirigí la mirada al frente el conductor de la SUV se bajó del vehículo y me gritaba «¡Bájate wey!» por medio segundo pensé «Este wey se enojó por que le pité y quiere pedo» pero después la realidad se hizo más evidente, bastante lento de mi parte debo de aceptar, que ambos vehículos estaban bloqueándome porque me querían robar el carro.

Podrás pensar que era evidente al leerlo, pero to eso pasó en unos 10-15 segundos. La persona que se bajó no estaba armada, así que no fue tan evidente como podrías pensar. En México hay mucha gente que solo quiere problemas. Pero bueno, esta persona trató de abrir mi puerta cuando entendí que eso era un asalto y sin pensar dos veces puse reversa sin siquiera mirar atrás y aceleré hasta chocar con el carro de atrás. Moví el volante mientras me movía para poder salir del encierro, después cambié a «Drive» y aceleré a fondo tratando de esquivar la camioneta en el reducido espacio que tenía y sí, también tratando de atropellar al asaltante. Fue este momento cuando muchas cosas pasaron. Me había movido apenas un par de metros cuando escuché un disparo y casi al mismo tiempo el estruendo del cristal del copiloto estallando acompañado de un dolor agudo que nunca había sentido. Alguien del carro de atrás, el copiloto diría yo por la posición, se había bajado y me había atacado. Nunca lo vi. Al mismo tiempo el asaltante de enfrente se movía del camino para no ser arrollado por mí y mi carro rozaba la camioneta gris permitiéndome salir muy apenas. Di vuelta a la izquierda y seguí a toda velocidad saltándome los topes sin mirar atrás.

Cristal de un automovil roto por disparo de arma de fuego

El cristal no tenía película antiasalto porque un par de meses antes me habían dado un cristalazo y aunque se reparó, faltaba ese detalle.

Desde que el primer asaltante me gritó «bajate wey» hasta que esquivé su camioneta para salir, fueron aproximadamente 5 segundos de acción que si les soy sincero preferiría no repetir jamás. Sí, fui un poco más lento de lo que hubiera preferido. Pero así fue como sucedieron las cosas y afortunadamente estoy vivo para contarlo hoy.

 ¿Qué pasó después?

Aceleré saltándome los topes por dos o tres cuadras, después giré a la derecha en la primero de mayo y fui hacia periférico. Había un acceso a segundo piso, el cual está restringido porque es de paga y debes de llevar una tarjeta de proximidad llamada TAG pegada en tu parabrisas. Pensé que si iban a seguirme era menos probable que lo hicieran por ahí. No creí que los roba-coches trajeran su TAG con saldo si es que traían. Así que subí y fue hasta entonces que miré para atrás. Tratando de ver si alguien subía después de mí, pero nada.

Ahora si prendí la luz y vi todos los cristales rotos por todas partes. Mi pierna derecha soportaba un gran dolor y yo buscaba la sangre. Pero no había. Después pensé que tal vez estaba loco, que el candor del momento me había hecho imaginar el sonido del disparo o lo había confundido con el sonido del cristal al romperse. Tal vez lo que habían hecho era arrojar una gran roca para romper el cristal, después de todo el único asaltante que había visto no estaba armado. Comencé a buscar esta supuesta piedra con los pies debajo de mí y con la mano derecha en el suelo del asiento del copiloto. No encontré nada. No deje de manejar hasta que llegué a mi destino. Cambié de segundo piso a primer piso un par de veces, solo en caso de que alguien en realidad me estuviera siguiendo.
Claro, si yo lo hubiera visto apuntarme no hubiera reaccionado de la misma manera. Un tiro limpio a menos de dos metros…no soy estúpido. Me hubiera bajado y entregado mis llaves. Claro eso no quita la posibilidad de que me hubieran disparado de igual manera. Según investigué después, un modus operandi que usan es bajarte, dispararte en alguna extremidad e irse. Así estarás más preocupado por conseguir asistencia médica que en dar detalles de tu vehículo a las autoridades. Así que, si estás pensando «Que pendejo, se hubiera bajado y ya» déjame decirte que el resultado pudo ser igual o peor.Cómo les mencionaba antes, la vida humana no vale mucho para algunos y menos si no es la propia. Valen más los 3mil o 5 mil pesos que les dan por los carros o lo que puedan sacar desarmándolo y vendiéndolo por piezas. En fin, si me hubiera tardado dos segundos más en reaccionar, esta persona me hubiera alcanzado por la ventana del copiloto y hubiera tenido un tiro más limpio, que no tuvo por qué aún estaba un poco atrás del auto cuando me moví.

Muestra del estado del proyectil calibre 40 despues del impacto.

Aquí vemos como quedó el proyectil calibre 40.

Tengo que omitir algunos detalles ahora. Pero les puedo decir que no imaginé el disparo. Un proyectil calibre 40 entró casi por el filo de la ventana del copiloto dirigido hacia mí. Cómo estaba en movimiento y en diagonal y la persona que me disparó estaba de pie, solo podía ver mi torso y mis piernas. Simplemente disparó a ver dónde me daba ¿Por qué? Por qué se me ordenó bajar de mi vehículo y yo no quise. Eso fue razón suficiente para disparar a matar.

 ¿Qué me pasó a mí?

Me dispararon y no había sangre. Pues por si todo esto no fue película suficiente, chécate lo que sigue. El proyectil o «la bala» entró por el cristal perdiendo un poco de fuerza, después, debido al movimiento del carro, la palanca del freno de mano recibe el impacto antes que yo. Así que cuando «la bala» me alcanza ya ha perdido fuerza dos veces. Me golpea, pero no atraviesa mi pantalón de mezclilla, sin embargo, el impacto si abre mi piel y me causa mucho daño. En pocas palabras el disparó debilitado por el cristal (aunque sea un poco) rebota en el freno de mano y después rebota en mi pierna. Literal. Encontramos el proyectil en el riel del asiento.

Así quedó el freno después ded recibir el impacto. Vemos el metal doblado y el plástico roto.

La herida y el impacto que tuve, es equiparable a cuando alguien recibe un disparo mientras usa un chaleco antibalas. La placa de metal puede recibir el impacto, pero la persona recibe mucho daño como quiera. Puede llegar a perder el conocimiento, tener costillas rotas o daño interno en órganos. En mi caso fue la pierna, el muslo. Mi gran tamaño fue de ayuda según me dicen, ya que, si fuera alguien de una complexión delgada, podría haber huesos rotos.

Conclusión.

Al final del día sobreviví a este encuentro cercano con la muerte cortesía de la lacra de mi país. Las consecuencias fueron un cristal roto, una palanca doblada y una herida que me dejó una pequeña cicatriz que aprecio mucho. Es un recordatorio constante de muchas cosas, entre ellas que mi vida pudo haber terminado a los 26 años, pero no lo hizo. Eso me impulsa a ser mejor persona, a vivir una mejor vida, a hacer más por los demás, a salir de mi zona de confort y perseguir mis sueños hoy. Por qué mañana podría ser demasiado tarde.

Algunas personas conocen esta historia, pero no la hice pública hasta ahora por muchas razones. Espero que compartir mi experiencia pueda darte a ti que estás leyendo esto, alguna noción, idea, consejo de que hacer y qué no hacer. Por ejemplo, no vayas a Naucalpan nunca. Y si lo haces pues que no sea de noche. Y si es de noche pues no vayas a las colonias culeras como San esteban, el conde o el molinito.

Si vas a comprar un auto nuevo o usado, chécate la lista de los 100 carros más robados de México y trata de omitir cualquiera de la lista. Hay buenos carros de marcas no tan comerciales que los rateros aun no vuelven de sus juguetes favoritos. Aprovecha eso.

Estate alerta. Deja el pinche teléfono en paz cuando estés manejando, incluso cuando estés parado en semáforos o similares. Podrías salvar tu vida, tu patrimonio o los dos solo con dos segundos extras de tiempo para reaccionar.

Hay muchos consejos de seguridad personal que podría darte, pero mejor será en otra ocasión.

Tristemente también les comparto que dos meses después, mientras mi carro estaba en un auto lavado fue robado a punta de pistola por dos individuos. Yo no estaba presente así que la violencia no me volvió a tocar a mí. No se encontró el auto y afortunadamente el seguro lo pagó, aunque bien se sabe que con lo que te dan siempre le terminas perdiendo.

¿Qué carro tenía? Un Jetta sport 2011. El chiste se cuenta sólo.

2 thoughts on “El día que me dispararon.”

  1. País de mierda en el que nos tocó vivir (cada vez está peor; lo digo no sin tristeza e impotencia). Menos mal tuviste la oportunidad de dejar atrás toda esta porquería, inseguridad e incertidumbre. Fue lo mejor que pudiste haber hecho.
    Por cierto, hace poco descubrí tú canal. Sube más videos. Quizás alguno que hable un poco más sobre los esfuerzos que haces para aprender alemán o tú experiencia en los cursos de integración que, en su caso, hayas tenido que realizar por la obtención de la visa de reunificación con tú “frau”.
    Freundlichen Gruße.

    1. Gracias por pasarte por aquí, José.y por las sugerencias. Estoy tratando de subir un video por semana tanto en un Mexa en Alemania como en Chadmaxblogs. Ambos canales tienen muchos videos anteriores que puedes checar. Actúa la campanita para que te llegue el Mail cuando suba en cualquiera de los dos. Saludos!

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